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El cuarto oscuro: zona seca, zona húmeda y una oscuridad de verdad
Un cuarto oscuro doméstico rara vez es una habitación dedicada. Suele ser un baño, un trastero o una cocina que se ocupa durante unas horas, y eso obliga a resolver dos cosas antes que ninguna otra: la separación entre lo seco y lo mojado, y el control de la luz. Todo lo demás —la calidad del revelador, la marca del papel, la ampliadora— pesa mucho menos que estas dos decisiones.
La zona seca acoge la ampliadora, el marginador, las cajas de papel, las tijeras y el cuaderno de notas. La zona húmeda acoge las cubetas, las probetas y el fregadero. Conviene que estén en lados opuestos y que la mano dominante haga siempre el mismo recorrido, porque en penumbra el gesto se automatiza. Una sola gota de fijador sobre la mesa seca puede manchar la siguiente caja de papel que se apoye ahí.
La oscuridad se comprueba con los ojos, no con la intuición. Se apaga todo, se espera de cinco a diez minutos hasta que la vista se adapta y entonces se buscan las filtraciones: el marco de la puerta, la rejilla de ventilación, el piloto de un termostato, la ranura bajo la persiana. Lo que al entrar parecía negro casi nunca lo es. Las rendijas se tapan con burlete, cartón negro o una toalla enrollada; los pilotos, con cinta opaca.
La luz de seguridad y hasta dónde llega
El papel fotográfico en blanco y negro es sensible sobre todo al azul y al verde, y por eso admite una luz ámbar o roja mientras se trabaja. Esa tolerancia tiene límites: no es una luz inocua, sino una luz lenta. Una bombilla demasiado potente, demasiado cerca o con el filtro descolorido por los años vela el papel de forma sutil, levantando ligeramente los blancos sin que se note hasta comparar dos copias.
La prueba clásica para medirla se hace con papel real. Se apoya una hoja sobre la mesa bajo la luz de seguridad, se cubre casi entera con un cartón y se va destapando por tramos cada dos minutos hasta llegar a diez o doce. Después se revela normalmente. Si aparece una escalera de grises, la luz está velando el papel y hay que alejarla, bajar la potencia o cambiar el filtro. La película, en cambio, no admite ninguna luz de seguridad: se carga siempre en oscuridad total o dentro de una manga de carga.
Antes de apagar la luz
- Cubetas ordenadas siempre en el mismo sentido: revelador, paro, fijador.
- Pinzas distintas para cada cubeta y nunca intercambiadas.
- Termómetro dentro del revelador, no al lado.
- Papel cerrado y lejos de cualquier salpicadura.
Durante la sesión
- Manos secas antes de tocar la caja de papel o el negativo.
- Ventilación abierta entre tandas; los baños se manipulan con guantes.
- Reloj o temporizador con esfera visible en penumbra.
- Cuaderno con tiempos, diluciones y número de copias por hoja.